Vicepresidentes como cancha: ¿Cuán cohesionadas son las fórmulas presidenciales?

Luego de una década de sucesiones presidenciales, con vicepresidentes gobernando en forma distinta a la que sus “cabezas de lista” prometían en campaña, ¿qué nos espera para este 2026? ¿Qué tanto se alinean las preferencias programáticas de los presidentes y sus potenciales sucesores en caso sean vacados? ¿Qué tanta proximidad y confianza hay entre ellos? En este dossier hacemos una primera aproximación hacia la conformación de las fórmulas presidenciales.
La sucesión de siete presidentes en la última década nos ha dejado dos lecciones fundamentales. La primera es que las candidaturas a la vicepresidencia no son mera comparsa, tienen verdaderas posibilidades de gobernar dado el debilitamiento del poder ejecutivo especialmente frente al congreso. La segunda lección es que las fórmulas presidenciales no son del todo coherentes y cohesionadas. Una vez en el poder, Martín Vizcarra y Dina Boluarte terminaron distanciados de Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, respectivamente. Los vicepresidentes terminaron gobernando con un estilo o dirección lo suficientemente diferente para ser señalados como “traidores” por sus antiguos aliados.
¿Estas son lecciones sobre el pasado o advertencias de lo que viene? Sobre lo primero tenemos algo de certeza. La posibilidad de que la persona electa para la presidencia en 2026 sea vacada (o forzada a renunciar) por presión del congreso y sea sucedida por quien sigue en la fórmula presidencial sigue siendo muy alta. Lo segundo, sin embargo, sigue siendo una interrogante. ¿Tomaron nota de estos riesgos los nuevos aspirantes a palacio? ¿Aprendieron de los errores de sus antecesores? ¿Se aseguraron de tener leales en la línea de sucesión para asegurar continuidad a pesar del asedio congresal? ¿O priorizaron otras estrategias que involucran menor coherencia para obtener otras ventajas electorales?
En esta nueva entrega de #PartidosComoCancha analizamos la conformación de las fórmulas presidenciales poniendo especial interés en la relación entre candidaturas presidenciales y su terna de vicepresidentes. Para ello, consideramos dos características centrales: la coherencia programática entre ambos tipos de candidatura y su experiencia compartida previa. La primera busca ilustrar qué tan sintonizada está la fórmula presidencial en sus ideas y preferencias programáticas, mientras que la segunda intenta capturar qué tanto se conocen -y de alguna manera- cuánta confianza existe entre presidentes y vicepresidentes.
Bajo ambos aspectos se ha realizado una evaluación sobre los setenta y dos candidatos vicepresidenciales, en relación con su candidato presidencial, distribuidos en las treinta y seis organizaciones que disputan las elecciones a la fórmula presidencial. Para facilitar el análisis hemos categorizado las fórmulas presidenciales de forma gradual, es decir niveles bajos, intermedios y altos tanto para la coherencia programática como para la experiencia política previa.
En el primer caso, consideramos que una fórmula presidencial tiene coherencia programática alta cuando la candidatura presidencial y las dos vicepresidenciales se encuentran alineadas en la mayor parte de posiciones sobre temas de interés actual como la economía, seguridad ciudadana, entre otros. Por el contrario, cuando ninguno de los vicepresidentes se alinea al líder de la fórmula, se considera baja. Consistentemente, si las preferencias de al menos una de las candidaturas vicepresidenciales se alinean con las de la presidencial, caracterizamos esta como una fórmula de coherencia intermedia.
En el segundo caso, consideramos que una fórmula presidencial tiene experiencia previa alta cuando ambos candidatos a las vicepresidencias han trabajado o coincidido previamente en espacios políticos o similares con los candidatos presidenciales. En el caso de que ninguna de las personas que se candidatean como vicepresidentes reúna experiencia previa significativa, consideramos que la fórmula tiene experiencia compartida baja. La categoría intermedia aparece cuando al menos un candidato a vicepresidente cumple con esta condición.
En conjunto, ambas características nos dan una idea sobre el nivel de cohesión de la fórmula presidencial. Una mirada rápida nos permite señalar que, al menos a nivel programático, las fórmulas analizadas son bastante coherentes. La mayor parte de candidatos presidenciales está acompañada por vicepresidentes que tienen prioridades y preferencias similares sobre políticas o que comparten ideas y visiones de la política muy parecidas.
Esto no necesariamente implica que los miembros de la fórmula tengan referentes ideológicos estructurados compartidos. Lo que significa es que su idea de cómo debería gobernarse el país y qué agendas deberían priorizarse son comparativamente similares. En otras palabras, hay muy pocos “sancochados” programáticamente hablando: presidente y vicepresidentes son cortados de la misma tela.
Por el contrario, cuando miramos la cohesión desde la perspectiva de las experiencias compartidas previas, el resultado es diferente: la mayor parte de fórmulas reúnen a personas que se conocen poco o, en algunos casos, no se conocen de nada. Muy pocos partidos, quizás los más “orgánicos” tienen fórmulas presidenciales donde las candidaturas presidenciales y vicepresidenciales comparten una trayectoria política previa a la postulación. Esto incluye varios casos donde se han priorizado militantes leales.
Sin embargo, la norma es que las fórmulas presidenciales reúnen a gente que ha compartido poco o nada en el pasado. Esto no es intrínsecamente bueno o malo. Una fórmula armada entre conocidos puede asegurar lealtad en el contexto actual, pero también una incapacidad por tejer alianzas más allá del partido o un exceso de personalismo por parte de la candidatura presidencial. Del mismo modo, una fórmula presidencial de desconocidos no necesariamente implica mayor vocación pluralista o una estrategia de diversificación electoral, sino que en algunos casos también es el fruto de la improvisación. Todo depende del contexto.
Gráfico 1. Niveles de cohesión en las fórmulas presidenciales
Uno de los primeros hallazgos es que la mayor parte de fórmulas presidenciales tiene niveles altos de coherencia programática. Casi el 80% de los casos están dentro de este grupo. Por lo mismo, en esta elección, resaltan por su rareza las listas más “heterogéneas”: como las de Somos Perú o Podemos, junto con otros partidos que no tienen una marca partidaria programática muy identificable, sino que resaltan por su pragmatismo o representación de intereses específicos. Más resaltante aún es la única lista que tiene un nivel bajo de coherencia programática, es decir que el candidato presidencial no tiene mucho en común con sus dos vicepresidentes: Perú Acción de Francisco Diez-Canseco.
En segundo lugar, más del 90% de las fórmulas llevan a candidatos que tienen poca o nula experiencia previa compartida con sus compañeros o compañeras de lista. Más aún, la mitad de las listas están conformadas por personas que no han compartido espacios políticos o sociales previos. Los compañeros de fórmula en esta mayoría de partidos se encuentran en proceso de reconocimiento mutuo, de sus prácticas políticas y construyendo confianza y lealtad.
Por ello, resaltan las únicas listas con niveles altos de experiencia común previa entre candidatos presidenciales y vicepresidenciales: Fuerza Popular de Keiko Fujimori, Alianza para el Progreso de César Acuña, el Frente de la Esperanza de Fernando Olivera y el Frente de los Trabajadores y Emprendedores de Napoleón Becerra. No sorprende que los dos primeros sean los partidos más organizados dentro de los estándares de nuestra política. Todos partidos “con dueño”.
Gráfico 2. Partidos con fórmulas presidenciales con experiencia política conjunta previa

Lo más llamativo, sin embargo, es la combinación: casi un 40% de fórmulas presidenciales mezclan coherencia programática alta con experiencia compartida previa baja. Casi todos los partidos en este grupo son nuevos, con una sola excepción: el Partido Morado. Podría concluirse, entonces, que al ser alternativas nuevas es evidente que tengan menos experiencia compartida que otras alternativas con más procesos electorales a cuestas. Sin embargo, muchos de estos partidos están formados alrededor de organizaciones o liderazgos con cierto recorrido, por lo que más que una limitación, esta pluralidad podría deberse a un objetivo estratégico: movilizar electores, incluyendo candidatos con experiencias divergentes. En todo caso, aún es difícil sacar una sola conclusión sobre el porqué de esta combinación.
Donde sí hay menos heterogeneidad es en el grupo reducido de organizaciones que tienen una alta coherencia programática y a la vez bastante experiencia previa compartida entre los miembros de la fórmula. Tres de estos cuatro partidos tienen larga y mediana trayectoria política y con un liderazgo claro dentro del partido. Estos partidos han priorizado una fórmula presidencial de leales. Quizás, debido a su experiencia y aspiraciones de mediano y largo plazo estos partidos y sus líderes sí han interiorizado la lección de la dupla Vizcarra-Boluarte: tener cierto grado de control sobre quién puede ser tu sucesor si llegas a palacio.
¿Qué nos dicen los patrones en esta elección en particular? El balance es mixto: La oferta política presidencial muestra suficiente coherencia programática en las fórmulas, pero poca esperanza de cohesión y lealtad.
Lo primero, el nivel de coherencia programática es relativamente novedoso. Una explicación para este fenómeno —además del aprendizaje que dejaron las sucesiones previas— podría estar relacionada con el efecto “clarificador” de la polarización. No sorprendería que, dada la coyuntura internacional y nacional, las posturas políticas se hayan transparentado y acentuado, haciendo que las fórmulas se formen privilegiando las ideas, posturas y políticas compartidas. Como mostramos en un análisis anterior, a pesar de la fragmentación, existe mucha congruencia en lo que representa cada lista dentro de la oferta política, especialmente en una cancha dominada por opciones de derecha.
Lo segundo tiene que ver con un problema endémico: la improvisación y poca profesionalización de la política peruana. La necesidad de unidad y lealtad dentro de las fórmulas presidenciales como antídoto a la incertidumbre de una potencial vacancia ha sido tomada en serio solamente por los partidos y líderes con aspiraciones políticas de mediano plazo. Aquellos candidatos que han invertido durante más de una década en sus proyectos políticos intentando repetidamente llegar al poder y, por lo tanto, tienen más que perder ante una eventual sucesión.