
Senadores como cancha: ¿Quiénes controlarán el nuevo Parlamento?
El ciclo electoral de 2026 no tiene precedente reciente en términos de complejidad institucional. Por primera vez en dos décadas, las elecciones generales y las subnacionales coinciden en el mismo año calendario. El número de partidos habilitados para competir superó el doble de aquellos participantes en el 2021. Y después de más de treinta años de unicameralismo, el país vuelve a elegir un Senado cuyas reglas de elección estuvieron en disputa hasta pocas semanas antes de los comicios.
Por otro lado, el siguiente quinquenio estará marcado por un Congreso aún más poderoso que el actual, especialmente en la próxima cámara de Senadores. A través de modificaciones normativas y de cambios en las reglas no escritas, el Legislativo ha acumulado suficiente poder y contribuido al desbalance institucional, y el retorno al bicameralismo fortalece esta lógica.
En este escenario, dos grandes preguntas merecen ser atendidas antes de la elección del 12 de abril: ¿Cómo se verá el próximo Parlamento? ¿Qué tipos de políticos lograrán un curul?
Para entender por qué el Congreso peruano funciona tal como lo conocemos, hay dos explicaciones que van de la mano. La primera tiene que ver con el sistema político: el Congreso está muy fragmentado, con demasiados partidos débiles que no logran ponerse de acuerdo, a lo que se suma el transfuguismo, haciendo todo más impredecible y dificultando la gobernabilidad. La segunda tiene que ver con los propios congresistas: muchos llegan sin experiencia política real, lo que se traduce en una visión de corto plazo, una representación deficiente de sus electores y poco compromiso con las reglas democráticas.
En esta entrega de #PartidosComoCancha buscamos aproximarnos a estas dos explicaciones. Analizamos quiénes terminaron en las listas legislativas, con qué experiencia política previa, y cómo esta lógica puede impactar en el comportamiento en el cargo. La pregunta central es qué tipo de representantes va a producir este diseño institucional para las dos cámaras que en abril comenzarán a funcionar por primera vez juntas.
Más candidatos y mayor fragmentación… ¿más bancadas?
Las elecciones generales de 2026 tienen más de 8,400 candidatos a cargos legislativos. Es más del triple que en 2021, y más que cualquier proceso desde el retorno a la democracia, incluidas las elecciones bicamerales de los años ochenta. Esto se explica por dos razones. Desde la demanda, el retorno del bicameralismo multiplicó el número de listas y escaños en juego, incluyendo dos listas paralelas al Senado en cada partido; una de carácter nacional y una por cada región. El sistema institucional ahora requiere ocupar más cargos, y es natural que eso genere mayor competencia. Desde la oferta, la multiplicación de partidos genera que los partidos tengan que conseguir candidaturas para cubrir todos los cargos en cada uno de los 27 distritos electorales. Eso generó una demanda de candidatos que ninguna organización podía satisfacer con su propia militancia.
Este volumen de espacios disponibles y partidos compitiendo tuvo dos efectos durante el proceso de reclutamiento de candidaturas. Por un lado, en un contexto sin claras preferencias electorales hacia un partido u otro, las 43 organizaciones habilitadas contaban con alguna probabilidad virtual de tener éxito. Los pocos políticos que cuentan con capital propio para ser competitivos y buscaban ser candidatos al Legislativo tenían una importante ventaja: utilizar ese capital y obtener un buen puesto en la lista. Con tantos partidos disponibles y su debilidad generalizada, estos individuos contaban con la capacidad de negociar con distintas organizaciones hasta llegar a algún acuerdo que los satisfaga, priorizando sus oportunidades personales por encima de otros criterios.
Un elemento adicional a tener en cuenta es que gran parte de estas negociaciones se llevaron a cabo en un contexto de muy baja información para los mismos candidatos. En julio del 2024, fecha límite para inscribirse a un partido y poder participar de las elecciones internas, no se tenía suficiente claridad sobre quiénes podían ser los candidatos presidenciales ni cómo iban a ordenarse las preferencias electorales. Avizorar qué partidos ofrecían alguna oportunidad para estos candidatos era imposible, y muchos políticos que cuentan con experiencia y capacidad de aglutinar votos terminaron atrapados en compromisos que no podían deshacer con organizaciones que hoy no cuentan con oportunidad alguna de pasar la valla.
Ambos fenómenos han contribuido a la fragmentación de la intención del voto. A la ausencia de candidatos presidenciales atractivos para el electorado se suma que aquellos candidatos que podrían contribuir a conseguir votos desde las listas parlamentarias se han dispersado entre múltiples partidos en lugar de congregarse en pocas organizaciones y mejorar su nivel de competitividad.
¿Qué efectos puede tener esto? En principio, quizás paradójicamente, la fragmentación puede reducir la cantidad de partidos representados en el parlamento. Estas elecciones se llevan a cabo con una nueva valla electoral bastante más exigente que en elecciones previas, con el objetivo de filtrar a los partidos más pequeños: aquellos que no obtengan, de manera simultánea, el 5% de los votos y el 5% de los curules en alguna de las cámaras (7 diputados o 3 senadores). Un resultado fragmentado puede reducir la cantidad de partidos que superen ese umbral, y reparte la totalidad de escaños entre menos organizaciones, pero sobrerrepresentadas.
Si aplicamos estos criterios a las elecciones del 2021, por ejemplo, tendríamos que Somos Perú, Juntos por el Perú, Podemos, y el Partido Morado no estarían hoy en el Congreso, y el resto de partidos habrían contado con 18 escaños adicionales.
El segundo efecto, consecuencia de este, sería que aquellos partidos que superen la valla se beneficien aún más de la repartición de escaños, permitiendo que tales espacios sean llenados por candidatos más amateurs, desconocidos y con menor votación preferencial que las principales figuras de cada partido. En una línea similar con lo ocurrido con Perú Libre en la elección del 2021 o Fuerza Popular en la del 2016, las bancadas pueden llenarse de políticos de segunda línea caracterizados por su inexperiencia y, quizás en mayor medida que en estos dos casos, con menores vínculos entre sí y con sus partidos.
Gráfico 1: Experiencia por ciclo electoral

Las cifras mostradas en el Gráfico 1 sugieren que ese es un fenómeno plausible. Dos de cada tres candidatos al Legislativo nunca han postulado a ningún cargo en el pasado. Nueve de cada diez nunca ocupó uno. Los partidos llenaron sus listas con quien estuvo disponible (y buena parte ni siquiera consiguió inscribir sus listas en todas las jurisdicciones), y los candidatos tuvieron que apostar tempranamente por alguna organización sin claridad sobre sus oportunidades reales. Esto a su vez contribuye a que cada partido sea, en su conjunto, menos competitivo y atractivo para el elector, y aumenta las posibilidades de que justamente los actores desconocidos y poco competitivos ingresen al Parlamento.
Las dos lógicas del futuro Senado
El retorno al bicameralismo no solo creó más escaños. Creó dos modelos de elección de senador que, aparentemente, atrajeron a perfiles de candidato distintos, y esa diferencia va a definir el carácter de cada cámara antes de que entre en funciones.
La lista al Senado por distrito único (Senado Nacional) opera bajo una lógica de reconocimiento nacional. Sus candidatos compiten en una sola circunscripción que abarca todo el país y necesitan acumular preferencias en todo el territorio al mismo tiempo para ocupar los 30 curules asignados. Además de los retos económicos que esto genera, es una cuestión de presencia en el territorio nacional. Un candidato con base únicamente local, por más arraigo que tenga en su departamento, tendrá serias limitaciones para competir de manera efectiva en las otras veintiséis circunscripciones al mismo tiempo.
La lista al Senado por distrito múltiple (Senado Regional) opera bajo una lógica completamente diferente. Sus candidatos compiten en una circunscripción departamental acotada, en condiciones más parecidas a las de un gobernador regional, donde existe un solo escaño y el más votado obtiene el cargo1. Lo que funciona ahí no es el reconocimiento nacional, sino la base territorial, y la experiencia que ese tipo de competencia produce es de otra naturaleza. Exalcaldes, exregidores, exgobernadores regionales, o candidatos que postularon a esos cargos sin ganarlos son el perfil dominante en estas listas. Con todo, vale anotar que menos del 1% de los candidatos al Senado Regional tiene experiencia como gobernador, precisamente por la escasez de estos cargos a nivel nacional.
El gráfico 2 lo muestra con claridad. La lista al Senado Nacional atrae a candidatos que concentran experiencia legislativa previa. Quienes postulan al Senado Regional cuentan con mayor trayectoria subnacional. Los candidatos a Diputados tienen el perfil más cercano al del candidato promedio descrito antes, con apenas el 1.3% de sus candidatos con victoria congresal previa. El Senado Regional está en un punto intermedio, con el 3.4%. Y el Senado Nacional llega al 8.2%, una cifra que parece modesta en términos absolutos pero que es seis veces mayor que la de los Diputados y refleja una concentración real de capital político legislativo en esa lista.
Gráfico 2: Experiencia de candidatos por cargo

Vale la pena precisar qué tipo de experiencia subnacional domina el lado izquierdo de esa pirámide. La categoría más numerosa no son exalcaldes ni exgobernadores, sino candidatos que ganaron cargos de representación local: regidores y consejeros regionales. Son políticos que conocen la política territorial y que pasaron por un proceso electoral, pero cuya experiencia es de representación, no de gestión ejecutiva. Los exalcaldes son una minoría dentro de ese grupo (menos de 2%) y en ambos casos aparecen concentrados en las primeras posiciones de las listas. Los partidos saben distinguir entre ambos perfiles, pero no son trayectorias muy comunes.
El perfil con mayor acumulación de capital político en todo el universo de candidatos 2026 es uno que aparece poco en los datos, pero que vale la pena mencionar: quienes ganaron cargos en ambas arenas, la subnacional y la legislativa. Entre los candidatos al Senado Nacional con victoria subnacional previa, casi un tercio también ganó un escaño congresal en algún momento de su carrera. Son trayectorias largas y diversas, del tipo que el sistema peruano produce con poca frecuencia y que en otros contextos serían la norma para llegar a una cámara alta.
Gráfico 3: Experiencia de cabezas de lista

Cuando se mira solo a los cabezas de lista, la experiencia previa parece tener un mayor peso en la lista nacional. Los partidos pusieron al frente de estas listas a sus figuras con mayor capital político acumulado, porque la lógica del cargo lo exige y porque suelen tener sustancialmente más probabilidades de tener éxito frente al resto de candidaturas. Entre los 38 números uno de las listas al Senado Nacional, el 29% ya ganó un escaño legislativo antes y otro 29% se postuló previamente al congreso sin ganar. En el Senado Regional, la mitad de los cabezas de lista nunca ha ganado ningún cargo. En Diputados, esa cifra llega al 52%.
Sin embargo, en un caso posible de fragmentación extrema como el descrito líneas arriba, la mayoría de curules podrían llegar a ser ocupados por el resto de candidaturas, es decir por quienes muchas veces llegaron ahí como “relleno”.
Los partidos con oportunidad
Dicho lo anterior, veamos ahora las características del subconjunto de partidos que, al cierre de las últimas encuestas públicas, se perfilaba como los que mayor oportunidad tenían de estar en el grupo que pase la valla electoral. Estos son Fuerza Popular de Keiko Fujimori, Renovación Popular de Rafael López Aliaga, Perú País para Todos de Carlos Álvarez, Juntos por el Perú de Roberto Sánchez, Obras de Ricardo Belmont, Ahora Nación de Alfonso López Chau, y el Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto.
Gráfico 4: Experiencia por partido

El contraste más llamativo está entre Fuerza Popular y el resto del grupo. Con 22% de sus candidatos con victoria congresal previa y 77% de lealtad entre sus experimentados, Fuerza Popular es, en términos de experiencia legislativa acumulada, una categoría aparte. El 40% de sus candidatos al Senado Nacional ya ganó un escaño antes, y en el Senado Regional esa cifra llega al 30%. Es además la única organización del grupo donde el número uno de la lista al Senado Nacional es un exlegislador. Esa combinación de experiencia propia y cohesión interna no la tiene ningún otro partido en competencia.
Renovación Popular es el segundo partido del grupo con más experiencia acumulada, pero su perfil es distinto. Solo el 7% de sus candidatos ganó un escaño congresal antes y su lealtad interna cae al 28%, lo que significa que la mayoría de sus candidatos experimentados provienen de otras organizaciones. Su experiencia es heterogénea, ya que 19% son ex autoridades subnacionales que nunca pasaron por el congreso, y sus cabezas de lista al Senado Regional mezclan ex legisladores con ex alcaldes y gobernadores. Es un partido con trayectoria que recluta ampliamente del mercado de candidatos disponibles más que de su propia base histórica.
Juntos por el Perú presenta el tercer nivel de experiencia del grupo, con 5% de candidatos con victoria congresal previa. Su lealtad es relativamente alta (38% entre experimentados) y sus cabezas de lista al Senado Regional incluyen cuatro exlegisladores. Su lista al Senado Nacional tiene 17% de candidatos con victoria congresal previa.
Comparando estos tres partidos, vuelve a resaltar Fuerza Popular por el origen de sus candidatos con experiencia parlamentaria. En total, 40 de sus 44 excongresistas ganaron su último escaño en 2021 o en 2016. Es decir, prácticamente toda su bancada de experiencia proviene del actual ciclo político o del anterior, por lo que es muy probable que sean excongresistas que se conocen entre sí. Para Renovación Popular, 12 de sus 17 excongresistas también vienen de 2021, pero el número total es menor. Juntos por el Perú tiene 7 de 2021 y algunos más antiguos.
El grupo formado por los partidos País para Todos, Partido Cívico Obras, Ahora Nación y el Partido del Buen Gobierno son organizaciones relativamente nuevas sin patrimonio propio de candidatos. La experiencia que existe en sus listas proviene casi enteramente de la arena subnacional. La lista de Ahora Nación tiene el mayor porcentaje de candidatos con algo de experiencia (31%) concentrada principalmente en candidatos que postularon a cargos subnacionales sin ganarlos. Sus cabezas de lista al Senado Regional incluyen varios candidatos que postularon al congreso antes sin éxito, y tres exautoridades locales. En el caso de País para Todos, solo tres candidatos ganaron una elección legislativa previa en toda su lista, todos concentrados en el Senado Nacional. El Partido Cívico Obras tiene uno solo, en el Senado Regional. El Partido del Buen Gobierno no tiene ninguno: el 82% de sus candidatos son novatos totales y su lista al Senado Nacional está encabezada por un novato.
La implicancia para el funcionamiento del futuro congreso es clara. En una cámara sin mayorías, la capacidad de coordinar de una bancada depende en parte de cuánta experiencia compartida previa tengan sus miembros. De los siete partidos que encabezan las encuestas, solo uno cumple esa condición de manera clara. El resto va a llegar con bancadas más heterogéneas y una proporción alta de legisladores que aprenderán el oficio dentro del cargo. En un contexto de incremento de poder en el fuero legislativo y de cada vez mayor discrecionalidad en sus decisiones, esta fuerza continuará teniendo influencia sobre el futuro del país, incluso más que el que tenga quien ocupe la presidencia de la República.




