image_pdfimage_print
20 May 2026

Presidente por accidente

A pocos días de conocer quién será nuestro futuro presidente para el periodo 2026-2031, muchos peruanos no se preguntan quién representa mejor al país que desean, sino qué riesgo están más dispuestos a tolerar. Por un lado, tenemos a Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular y por el otro a Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú.

En una encuesta de opinión del IEP previa a la primera vuelta (marzo de 2026)[1], se preguntó a los ciudadanos por las razones por las que votarían por el candidato de su preferencia. Aquellos que mencionaron que votarían por Keiko Fujimori, destacaron la asociación con el gobierno de su padre Alberto Fujimori, sus propuestas y la oportunidad de ser presidenta luego de varios intentos fallidos. Por su parte, quienes manifestaron que votarían por Roberto Sánchez claramente aludieron a su vínculo con la figura de Pedro Castillo, y mencionaron también sus propuestas y el ser considerado un representante del pueblo.

Hoy ambos candidatos necesitan convencer al mayoritario electorado que no los eligió de que representan una mejor opción para el país que su adversario, tarea nada sencilla dado los anticuerpos que generan, cada uno, en sectores importantes de la población. Su pase a la final ha sido determinado por solo la cuarta parte de peruanos, mientras que el resto enfrentamos con preocupación y desánimo lo que le espera al Perú desde julio de 2026. Una realidad que toca asumir y sobrellevar de la mejor manera posible.

Hace cinco años, luego de conocerse los resultados de la segunda vuelta, escribí un texto[2] en el que señalaba la importancia de crear consensos para proteger nuestra endeble democracia frente a dos alternativas –igual de malas– que no representaban a la mayoría de peruanos. Cinco años después, el panorama es muy similar, con la diferencia de que ahora estamos frente a una ciudadanía más agotada, con un evidente hartazgo frente a la política y considerablemente fastidiada por la inestabilidad social y política de los últimos años. ¿Qué podemos esperar entonces para esta segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez? ¿Cómo votará la ciudadanía cuando, lejos de entusiasmarse por un proyecto político de largo aliento, solo busca la alternativa “menos mala”?

En elecciones anteriores, el antivoto de Fujimori ha sido crucial para dejarla fuera de la presidencia, ¿alcanzará esta vez para ese fin? Si revisamos la última encuesta del IEP publicada a finales de mayo[3], un 37% señala que definitivamente no votaría por Keiko Fujimori, porcentaje bastante menor al 50% que opinaba lo mismo en mayo de 2021. En el caso de Roberto Sánchez, su antivoto alcanza el 40%, similar al que obtenía Pedro Castillo hace cinco años. Esto podría favorecer a la candidata de Fuerza Popular, cuyo rechazo no deja de ser alto, pero parece haberse beneficiado de una campaña de segunda vuelta mucho más apagada, en donde los ganadores de la primera vuelta apenas fueron oficializados hace pocas semanas.

Es importante precisar que, frente a un contexto de tensión y agotamiento, los peruanos ya no están pensando en un presidente que los represente, sino en uno que les permita reducir la incertidumbre. En ese sentido, no están frente a dos proyectos que entusiasman, sino más bien ante dos temores que compiten entre sí. El elector peruano ha normalizado que en segunda vuelta el voto no es por convicción, sino para evitar una opción más peligrosa. Tal es así que, según la misma encuesta, la mayor parte de los que votarán por Fujimori señala que lo harán para que no gane la izquierda (32%). Y en el caso de Sánchez, un 35% de sus votantes manifiesta que lo elegirá presidente para que no gane el fujimorismo. El rechazo le ganó a la esperanza hace mucho, y el miedo parece ser lo que dominará estos días previos a la segunda vuelta electoral.

Da para reflexionar qué dice de nuestra democracia que tantos peruanos vayamos a votar sin sentirnos realmente representados, con una inevitable frustración y con la firme convicción de que lo que viene no pinta para mejor. Han sido diez años desgastantes, y aunque hemos sobrevivido a 8 presidentes, el daño está hecho, la confianza y la legitimidad en las instituciones están gravemente deterioradas, y es claro y tangible el desgaste de la figura presidencial. Esto lo evidencia la encuesta del IEP de abril 2026[4] en la que, frente a la pregunta de si cree que el nuevo presidente o presidenta completará su mandato presidencial, solo un 31% de los encuestados respondió positivamente.

Sin embargo, esta cifra varía entre los votantes de Fujimori y Sánchez. Para los votantes de Fujimori, un mayoritario 54% considera que el próximo mandatario sí concluirá su gobierno, frente a un 28% que opina lo contrario. En el caso de los votantes de Sánchez, la tendencia es la inversa: la mayoría (44%) percibe que el futuro presidente no terminará su gobierno, mientras que solo un 30% cree que sí culminará. ¿Pesimismo o realismo? Dada la mayoría obtenida por el fujimorismo en el Senado y en la Cámara de Diputados, no parece descabellado pensar que el ciclo de vacancias presidenciales podría continuar durante este quinquenio si el elegido resulta ser Sánchez.

Por otro lado, según la encuesta del IEP de mayo de este año[5], aunque ambos candidatos obtienen un respaldo similar (36% en el caso de Fujimori y 30% para Sánchez), sus votantes se agrupan en segmentos muy diferenciados. Quienes votarían por Fujimori son más mujeres, viven en Lima, cuentan con un nivel educativo superior, se identifican más como de derecha y se concentran en niveles socioeconómicos altos y medios (NSE A/B y C). Por su parte, el perfil de los votantes de Sánchez recoge en su mayoría hombres, personas de nivel educativo básico, de niveles socioeconómicos bajos (NSE D/E), residentes fuera de Lima –principalmente del ámbito rural– y con una mayor identificación con la izquierda. Habrá que esperar para ver hacia dónde se redirige el voto blanco o nulo (6%) o el no precisa (26%), que se espera disminuya en favor de alguna de las candidaturas durante esta última semana. Es previsible que esto suceda no por méritos de los candidatos y de sus propuestas para ganarse a los indecisos, sino básicamente por ese voto defensivo que no genera ningún tipo de ilusión, pero que obliga a tomar partido. Un voto que da cuenta de lo acostumbrados que estamos a elegir presidentes sin esperar mayor estabilidad, representación o consensos.

*Esta columna fue actualizada el 29 de mayo de 2026

 

[1] Informe de Opinión de marzo I 2026. Mayor información en: https://estudiosdeopinion.iep.org.pe/informe/marzo-2026/

[2] “Se acabaron las elecciones, ¿y ahora?”. En Crítica y Debates, disponible en https://criticaydebate.iep.org.pe/noticias/critica-y-debates-se-acabaron-las-elecciones-y-ahora-por-laura-amaya/

[3] Informe de Opinión de mayo 2026. Mayor información en: https://estudiosdeopinion.iep.org.pe/informe/mayo-2026/

[4] Informe de Opinión de abril III 2026. Mayor información en: https://estudiosdeopinion.iep.org.pe/informe/abril-iii-2026/

[5] Informe de Opinión de mayo 2026. Mayor información en: https://estudiosdeopinion.iep.org.pe/informe/mayo-2026/

20 May 2026

Psicóloga social
lamaya@iep.org.pe
Jefa de Proyectos del Área de Estudios de Opinión del Instituto de Estudios Peruanos. Máster en Liderazgo Político y Social por la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciada en Psicología Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido profesora de investigación en la especialidad de Psicología de la [...]