
Partidos como cancha: La fotografía final ¿Quién ganó, quién queda y qué viene?
El Perú llegó a las elecciones generales de 2026 con el sistema de partidos más numeroso de su historia reciente. Cuarenta y tres organizaciones con inscripción vigente, frente a las veintiún que compitieron en 2021. Sin embargo, solo seis superaron el umbral electoral y obtendrán representación en el nuevo Congreso bicameral: Fuerza Popular, Juntos por el Perú, Renovación Popular, Partido del Buen Gobierno, Partido Cívico Obras, y Ahora Nación. Entre ellas suman 190 escaños, sesenta en el Senado y ciento treinta en la Cámara de Diputados, sin que ninguna tenga mayoría.
La serie #PartidosComoCancha inició clasificando a las organizaciones según distintas características con la intención de ordenar la fragmentada oferta electoral. Esta entrega cierra el ciclo analizando cómo queda el sistema de partidos peruano tras el proceso que culminó con la proclamación de resultados: qué tipo de organizaciones lograron sobrevivir la valla, quiénes son las personas que las representarán en el Congreso, quiénes quedaron fuera y cómo afrontarán las elecciones subnacionales de octubre.
¿Qué tipo de partido sobrevivió la valla?
Los seis partidos que obtuvieron representación no son el mismo tipo de organización. Retomando la tipología propuesta al inicio de esta serie[1], es posible distinguir tres modelos de viabilidad electoral con implicaciones distintas para lo que viene.
El primer modelo es el del partido-marca con líder profesional. Fuerza Popular y Juntos por el Perú son las únicas organizaciones entre las seis que combinan trayectoria partidaria real, militancia identificable y una figura presidencial que ha acumulado capital político a lo largo de varios ciclos, aunque en el caso de Juntos por el Perú, resulta innegable que su buena suerte electoral deriva del vínculo establecido con el expresidente Pedro Castillo. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, más que caudillos outsiders al sistema con un vehículo electoral recientemente fundado, llevan años haciendo carrera política y liderando sus respectivos partidos. También contaron con importantes perfiles entre sus candidatos al parlamento, militantes e invitados, que contribuyeron con arrastre electoral para el resultado de abril.
Por primera vez en décadas, ambos candidatos de segunda vuelta tuvieron experiencia previa como autoridades electas y múltiples postulaciones en una sola organización política. Ni Toledo, ni Humala, ni Kuczynski ni Castillo llegaron a la segunda vuelta liderando un partido duradero o con experiencia como parlamentarios. En el sistema político peruano, donde el promedio de vida útil de un partido rara vez supera dos elecciones, esa continuidad es una anomalía notable.
Pero cada uno enfrenta su propia pregunta a largo plazo. Fuerza Popular puede estar frente a su mayor reto precisamente a causa de su éxito, debido a que su identidad electoral ha estado construida alrededor de una figura durante cuatro ciclos presidenciales consecutivos. Cuando postuló sin un Fujimori en la cédula —en 2006 con Martha Chávez como candidata presidencial o en las congresales complementarias del 2020— su caudal se vio seriamente disminuido. ¿Podrá el fujimorismo sobrevivir a una presidencia de Fuerza Popular y designar un sucesor aceptado por sus votantes?
Juntos por el Perú, por su parte, llega con la segunda bancada más grande pero con tensiones internas visibles: una parte de sus parlamentarios proviene del castillismo (fueron invitados directamente por el expresidente) y otra está conformada por integrantes del partido y aliados de otros grupos. Roberto Sánchez alcanzó la segunda vuelta pero fracasó en su objetivo de conseguir un curul en la Cámara de Diputados. La pregunta es si esas facciones y la ausencia del ex candidato en el parlamento le permitirán consolidarse como líder de la oposición antifujimorista o si la coalición se fracturará desde adentro, o si el castillismo continuará respaldándolo como representante del expresidente.
El segundo modelo es el del partido-candidato sin estructura previa. Ahora Nación, Obras y Partido del Buen Gobierno entraron al Congreso no porque tuvieran organización territorial, cuadros militantes o trayectoria institucional destacadas, sino porque sus líderes lograron conectar con sectores específicos del electorado en un momento preciso del proceso electoral. Alfonso López Chau, Ricardo Belmont, y Jorge Nieto obtuvieron resultados electorales que sus partidos no habrían podido sostener sin ellos, aunque quizás sea necesario matizar esta afirmación en el caso de Ahora Nación, que tiene a Harvey Colchado e Indira Huilca entre los diputados más votados, y figuras conocidas como Mirtha Vásquez y Ruth Luque. En cualquier caso, su apoyo electoral está vinculado al capital individual del candidato, a pesar del desconocimiento absoluto de la población respecto a la mayoría de los parlamentarios electos. ¿Qué queda de estos partidos cuando el líder ya no esté en la papeleta? ¿Qué sostendrá a las bancadas de estos grupos?
Este modelo coincide con los partidos postulantes que no han tenido presencia parlamentaria reciente. Con excepción de Ruth Luque, senadora electa por Ahora Nación y opositora a la coalición que dirigió el parlamento estos cinco años, los tres partidos mencionados tampoco tuvieron candidaturas que provenían de este periodo legislativo. Se podría asumir que el sector de votantes que buscaba castigar a quienes eran percibidos como gobernantes impopulares (dicha coalición parlamentaria) demoró en encontrar una alternativa y fue incapaz de evitar que su voto se fragmente entre distintas opciones.
Las tres organizaciones comparten el desafío de convertir una entrada electoral exitosa en una organización real durante el quinquenio. En esa línea, existen, por lo menos, dos opciones. La primera: el partido aprovecha los cinco años de presencia parlamentaria para construir redes territoriales, utilizando el presupuesto y la palestra del Congreso para consolidar militancia y posicionarse para 2031 con algo más que el nombre de su líder. La segunda: la bancada se fragmenta, el líder pierde protagonismo y el partido desaparece del escenario. Alfonso López Chau tiene la bancada más pequeña de las seis y un desafío urgente de cohesión, pero puede aprovechar su cargo en el senado para continuar siendo políticamente relevante. Ricardo Belmont puso en duda su continuidad en la arena política, aunque recientemente anunció su candidatura a la alcaldía de Lima. Jorge Nieto tiene la bancada menos experimentada del grupo, y busca representar un centrismo que muchas veces termina en indefinición.
Las características del sistema peruano sugieren que el futuro de este tipo de partidos, probablemente, estará más cerca de la irrelevancia en unos pocos años más.
Renovación Popular ocupa un lugar intermedio entre ambos modelos. Rafael López Aliaga tiene una marca personal fuerte con trayectoria electoral y una base militante más cohesionada que la de los tres partidos anteriores, pero su implantación territorial sigue siendo fundamentalmente limeña y su crecimiento electoral ha mostrado un techo limitado a nivel regional. El partido cuenta con una base ideológica con fronteras más claras y cohesionadas que cualquiera, y quizás eso explica su incapacidad para ampliar aún más su caudal de apoyo. A ello se agrega la propia personalidad confrontacional y ambivalente del líder.
Si bien su presencia en la oferta amplió el extremo derecho del espectro político, usualmente ocupado por el fujimorismo, de no lograr algún nivel de crecimiento territorial seguirá siendo un partido de nicho urbano de derecha en un país donde las elecciones se definen fuera de Lima. La negativa de López Aliaga a asumir el cargo de senador al que fue electo, y la aparente imposibilidad legal de postular en las elecciones municipales de este año, ponen en tela de juicio la continuidad política de su figura. ¿Qué rol tomará frente a un gobierno de derecha? ¿Existen figuras dentro del partido capaces de retarle el liderazgo?
De los partidos a las personas: quiénes son los 190 electos
Bajar del nivel de las organizaciones al de los individuos revela diferencias profundas en el tipo de capital político que cada partido lleva al nuevo Congreso. Esas diferencias anticipan cuáles bancadas pueden tener mayor capacidad de coordinación y cuáles corren el riesgo de fragmentarse antes de que termine el primer año legislativo.
Para ordenar esta comparación, clasificamos a los 190 electos en cuatro categorías según su trayectoria previa: legisladores con experiencia parlamentaria previa, electos con experiencia exclusivamente en cargos subnacionales (gobernadores, alcaldes, regidores), candidatos que postularon previamente sin ganar, y debutantes absolutos sin ninguna participación electoral formal anterior.
Fuerza Popular concentra el 70% de todos los legisladores con experiencia parlamentaria previa en el nuevo Congreso: 33 de los 47 que llegaron habiendo ejercido ese cargo antes. En el Senado, la diferencia es todavía más marcada, donde 18 de sus 22 (82%) senadores tienen trayectoria legislativa previa. Solo un debutante integra su bancada del senado: César Astudillo, quien presidió el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. El fujimorismo llega al Congreso con un grupo parlamentario conformado principalmente por excongresistas y un grupo importante de individuos con trayectoria en el trabajo parlamentario de los últimos años.
Buen Gobierno y Obras no tienen ni un solo legislador con experiencia parlamentaria previa entre sus electos, ni en el Senado ni en la Cámara de Diputados. Sus bancadas estarán compuestas íntegramente por personas que llegan al cargo por primera vez o que tienen, a lo sumo, experiencia en cargos subnacionales como regidores o un vicegobernador. En Buen Gobierno, el 68% de los electos son debutantes absolutos, mientras en Obras, estos llegan al 47%.
Juntos por el Perú presenta un caso interesante. Un partido que lleva más de una década en el sistema llega a la Cámara de Diputados con cero legisladores con experiencia previa entre sus treinta y dos electos: ninguno ha sido congresista antes. La experiencia del partido se concentra enteramente en el Senado, donde cuatro de sus catorce electos son legisladores previos: Silvana Robles, Bernardo Quito y Víctor Cutipa de Perú Libre, y Humberto Morales del Frente Amplio. Por otro lado, su bancada a nivel de diputados está compuesta casi en partes iguales entre candidatos que postularon antes sin éxito (el 46%) y debutantes absolutos (el 50%). Entre estos últimos se cuenta Yenifer Paredes, cuñada/hija de Pedro Castillo, que fue electa por Cajamarca con la mayor votación preferencial de su bancada. Esto ratifica que gran parte del capital político del partido se debió al castillismo y no a los militantes de Juntos por el Perú, más cercanos a Roberto Sánchez.
Ahora Nación muestra un patrón distinto. Sus cuatro senadores incluyen tres con experiencia legislativa previa (Jaime Delgado, Ruth Luque y Mirtha Vásquez) la proporción más alta entre los tres partidos nuevos. Pero en la Cámara de Diputados sucede lo contrario: siete de sus diez diputados son debutantes absolutos. El propio Alfonso López Chau llega al Senado luego de haber postulado hace más de 30 años (1995) al Congreso sin ser electo. Es un partido con una cúpula relativamente experimentada pero compuesta principalmente por invitados a la organización, y una base más amplia completamente nueva.
El vínculo con el partido también varía. No todos los que figuran en una lista son militantes de carrera. En el sistema político peruano, es frecuente que los partidos recluten candidatos con capital electoral propio que se incorporan a la lista sin tener un vínculo orgánico profundo con la organización. Un congresista que llegó como invitado meses antes de las elecciones tiene incentivos distintos para mantenerse en la bancada que uno que lleva años en el partido. La combinación de novatos sin experiencia y candidatos sin vínculo organizacional es el escenario de mayor riesgo para la estabilidad del grupo parlamentario.
En este caso, Fuerza Popular resalta nuevamente por la gran presencia de miembros leales a la organización y a su lideresa. La gran mayoría ha hecho carrera dentro del partido, muchos han sido reelectos y deben su capital político al fujimorismo. Ninguna otra organización repite este patrón.
En una cámara sin mayorías, la capacidad de una bancada para coordinarse, negociar y sostener posiciones colectivas depende en parte de la experiencia compartida de sus miembros. Los legisladores que ya conocen las reglas formales e informales del juego parlamentario tienen una ventaja de coordinación que sus colegas debutantes tardarán meses en adquirir. Fuerza Popular llega al Congreso con esa ventaja de manera abrumadora. Este factor puede ser clave en el manejo que tendrá Keiko Fujimori desde el Ejecutivo para relacionarse con el parlamento.

El futuro del sistema partidario: las elecciones regionales
Un sistema de partidos requiere continuidad organizacional a través de ciclos electorales para poder funcionar. Dentro de la volatilidad peruana, antes de la última elección, Alianza para el Progreso, Somos Perú y Podemos Perú parecían poder proveerla. Los tres nacieron como organizaciones subnacionales: APP fue construida por César Acuña a mediados de los 2000 sobre una base electoral en La Libertad y se expandió región por región; Somos Perú surgió en los 90, desde la gestión municipal limeña, y se mantuvo durante años como una organización ideológicamente flexible capaz de adaptarse a distintos contextos locales; mientras Podemos Perú construyó sus bases políticas en los distritos de la periferia limeña y se fue extendiendo durante los últimos 8 años a otras partes del país. Los tres partidos llegaron a tener presencia parlamentaria consistente en varios ciclos consecutivos en la última década, pero nada de eso les alcanzó para superar la valla el 2026.
El 12 de abril mostró que la cobertura territorial no se traduce automáticamente en viabilidad nacional cuando las figuras que construyeron esos partidos llegan desgastadas a la contienda presidencial. César Acuña, José Luna Gálvez y George Forsyth no lograron despegar en las encuestas; el capital político territorial de sus organizaciones no se convirtió en votos presidenciales. En ese sentido, 2026 repite el patrón que ya vivieron el APRA y el PPC: partidos con historia y que ofrecían cierta continuidad al sistema peruano son arrasados frente a la novedad de organizaciones recién fundadas, tras el desprestigio de sus líderes.
Queda abierta la pregunta de si el capital territorial de estas organizaciones se reflejará en las elecciones regionales y municipales de octubre. Los datos de inscripción de listas para las ERM 2026 muestran que APP presentó candidaturas en el 60% de las regiones y el 71% de las provincias; Somos Perú en el 76% de las regiones y el 69% de las provincias; Podemos en el 48% de las regiones y el 53% de las provincias. Los tres superan con comodidad la cobertura territorial de Fuerza Popular, que presentó listas solo en el 36% de las regiones y el 22% de las provincias[2]. El partido que llega al gobierno con la bancada más experimentada del Congreso muestra que se trata sobre todo de una organización construida para competir en elecciones nacionales y tiene serias limitaciones para tener un despliegue político a nivel regional.
El panorama se complica aún más si se considera el mapa completo de organizaciones con inscripción vigente. A los seis con representación parlamentaria y a los que compitieron y perdieron se suman trece partidos expeditos para 2031 que no alcanzaron a participar en las generales: Adelante Pueblo Unido, Cambio Social, Coalición Transformadora Tierra Verde, Comunidad Política Inka Perú, Educa Emprende Innova Perú, Fuerza Ciudadana, Partido Político ADP, Pueblo Consciente, Todo con el Pueblo, Partido por el Entendimiento Recuperación y Unificación del Perú, Unidad Popular, Verdad y Honradez y Visión Perú.
Dos de ellos —Adelante Pueblo Unido y Todo con el Pueblo— fueron aliados castillistas que acompañaron a Juntos por el Perú durante la campaña sin tener inscripción propia. Ahora que la tienen, la izquierda peruana suma más opciones que en ningún ciclo reciente. Esto puede ser una desventaja para líderes de izquierda como Roberto Sánchez, Alfonso López Chau o Verónika Mendoza, ya que más opciones en ese espectro significa más fragmentación potencial y menos garantía de que el voto opositor se consolide alrededor de un solo grupo.
Las elecciones de octubre serán el siguiente filtro, pero las reglas que lo rigen acaban de cambiar. A pocos días del cierre de inscripción de candidaturas, el Congreso aprobó la Ley N.° 32657 que redujo el porcentaje mínimo de regiones en las que un partido debe presentar listas para mantener su inscripción de 50% (13 regiones) a 30% (8 regiones). Fuerza Popular, que solo ha presentado 9 listas a gobernadores, es el principal beneficiado. Obras y Buen Gobierno no superarían la valla incluso con este cambio.
No es la primera vez que el Congreso ajusta las reglas electorales con efectos selectivos sobre sus propios partidos; la restitución del bicameralismo y la reelección congresal siguieron una lógica similar. El intento por eliminar a los movimientos regionales (finalmente no aprobado) generó el temor suficiente en los políticos locales para acelerar la inscripción de sus candidaturas mediante partidos nacionales. Estas elecciones serán, según cifras de la ONPE, aquellas en las que menos organizaciones regionales compitan: solo 23 a nivel nacional, frente al centenar que participaba en cada proceso durante la década previa. Sin embargo, queda por ver si esta “implantación forzada” de candidaturas de partidos nacionales modifica la dinámica que ha caracterizado las elecciones subnacionales durante las últimas dos décadas.
A modo de cierre
Cada elección peruana genera el mismo diagnóstico: fragmentación, personalismo, organizaciones efímeras. El 2026 tiene sin embargo un elemento nuevo. Las reglas que se flexibilizaron años atrás se endurecieron para los siguientes ciclos electorales. Entrar al sistema con un partido nuevo vuelve a requerir cientos de miles de firmas, cerrando la ventana que había permitido la proliferación de partidos en los últimos años. Al mismo tiempo, el Congreso redujo los requisitos para mantener la inscripción en las subnacionales, protegiendo a los partidos con representación parlamentaria al aflojar las reglas que generan la salida de estas organizaciones.
El sistema no se está ordenando hacia algo más representativo; se está atrincherando entre los que ya están dentro. Los constantes cambios en las reglas de juego electoral, tanto nacionales como subnacionales, parecen estar delimitando finalmente la oferta política, pero no como resultado de las preferencias de la ciudadanía, sino de las decisiones de partidos que han sabido modificar las normas para preservar su posición y magnificar en el Parlamento un poder que contrasta con su reducido respaldo electoral. Los ciudadanos que no se sienten representados por ninguno de los partidos con bancada tendrán cada vez menos opciones formales para construir algo distinto. Los trece partidos que llegaron tarde a este ciclo heredan una inscripción valiosa sin haber pasado todavía por el juicio del electorado. Los que perdieron la inscripción enfrentan un camino de regreso más largo que el que tuvieron para entrar.
Mientras esperamos los resultados de las elecciones subnacionales de octubre que completarán el mapa político de los siguientes años, y estando ad portas de que el nuevo congreso bicameral entre en funciones, solo una cosa parece segura: partidos como cancha seguirán yendo y viniendo… y las reglas volverán a escribirse.
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[1] En la entrega inicial distinguimos distintos tipos de partido utilizando diferentes variables: partidos nuevos y partidos con trayectoria; partidos con candidatura identificable y partidos con candidatura en disputa; partidos vinculados o no vinculados al congreso actual; y partidos o líderes con trayectoria regional. https://criticaydebate.iep.org.pe/noticias/partidos-como-cancha/
[2] Cifras de https://datapol.lat/ al 30 de junio.




